27 noviembre 2011

en delirios, coloquios II

Unos amigos conversan en un bar del sur. Beben alegremente cerveza, fuman en la terraza y ríen sin averiguar nada en absoluto. De repente, un individuo de unos veintitrés años se acerca a una de las chicas que estaban allí sentadas. Con cuidado y respeto suelta una caja encima de la mesa. Durante los siguientes minutos mantienen una conversación serena.
- ¡Toma, esto es tuyo!
- ¿Qué es?
- ¡Tus cosas!
- ¿Para eso has venido desde Madrid?
- Para eso, y para ver la cara de imbécil que se te queda cuando te diga que me voy a casar con otra.
- ¿Con tu ex?
- Que no es mi ex… ha sido mi novia todo el tiempo. Verás, sólo estaba contigo porque follas mejor que ella y ahora… ahora que me voy a casar debo comportarme como un señor.
- ¡Guay tío! Espero que seáis muy felices los dos. Siempre supe que la querías. ¿Cuándo es la boda?
- ¿No te vas a enfadar?
- No, no tengo por qué enfadarme… pero ella a lo mejor sí – coge el móvil de encima de la mesa y se lo enseña, en la pantalla aparece una llamada en abierto.
- ¡Eres una zorra!
- ¡Tranquilo, chaval! Si deberías agradecérmelo. Te lo he puesto a huevo. Coge el coche, vuelve a Madrid y reconcíliate. ¡Dicen que esos polvos son los mejores!

El individuo se aleja pasivamente. Como si nada hubiese ocurrido, como si nada hubiese pasado. Ella se levanta de su asiento y se dirige al resto de amigos que permanecían atentos a la conversación con la boca abierta.

- En fin, ésta ronda la pago yo… pero me voy… tengo un montón de cosas que hacer… ¡ya sabéis! Llorar y esas cosas. Lo digo por si alguien se pregunta lo que estaré haciendo en los próximos cuatro o cinco días…