28 noviembre 2011

Primeros pensamientos.

Despiertas, y los rayos de luz provocan un incendio en tus retinas. Es esa hora insolente donde un sol peleón se cuela por persianas a mitad de trayecto. Hoy no queda nadie en casa. Unos están trabajando, otros se supone que van de camino al instituto. Sin embargo tú… no tienes nada que hacer. Dices en alto “Buenos días” mientras te desperezas esperando que ese pequeño que hay en ti lata con fuerza y te responda armoniosamente. Pero no hay nada, sólo vacío. Hasta el corazón te da la espalda. Permaneces en la cama unos minutos que, por descontado, se vuelven eternos. Cierras y abres los ojos en sobresaltos, entre lágrimas. Te escuecen. Has pasado la noche llorando. Incrédula descubres que en tu habitación, se produjo una batalla campal irremediablemente destructiva. Algunos cojines han llegado a parar encima de las estanterías. Has arrancado el edredón y el mono que duerme a los pies de tu cama ha intentado huir por la puerta. Sarcásticamente te dices:

- Si nos grabasen de noche todo lo que hacemos, Beyoncé sacaría una coreografía para su nuevo videoclip.

Te ríes, al menos eso hice yo. Hasta que descubrí que no tenía a nadie con quien compartir mi ocurrencia. Ese fue el momento en que me sentí más sola que nadie, mientras las paredes de mi cuarto se desquebrajaban y en polvo caían sobre mí aplastándome el pecho y obstruyendo mis orificios nasales.

Mi teléfono móvil yacía sobre la mesita y no lo quise ni mirar. Sabía que la luz roja de lo único que advertía es que me habían llegado cientos mensajes de propaganda. Pero ¿Cómo saben mi e-mail esos tíos? Gasto demasiado tiempo borrando basura. Pero por lo menos una máquina sabe que sigues viva. O lo aparentas.

Chica ¿Dónde está tu vida? El amor de tu vida resultó ser, entre todo lo peor, el primero. Te es indiferente. No te dan ganas de arreglar la casa como antes, ni abrir los libros de estudiar, ni tampoco salir de noche. Gastas dinero en cerveza y tabaco, desparramas palabrerías de chistes que obligan a sonoras y enormes carcajadas. Haces reír al resto de la gente. Algo es algo. Pero ¿De qué manera? Ya ni siquiera te anima ser graciosa, ni inteligente. Vale ¿A qué hora llega esa llamada real? ¿Qué día vas a hacer algo que no tenga como respuesta una frase terminada en: inútil o zorra? ¿Qué día vas a dejar de escuchar chistes sobre tu afición a comer pollas? Y, sobre todo, ¿será verdad?

No tienes ganas de hacerte el desayuno, ni tomarte las pastillas, ni mirar si tienes comentarios o mensajes privados en la red social. Y mucho menos las noticias. Tanta política inhumana te desborda. Has encontrado el símil entre un programa de cotilleo y el congreso de los diputados. Mejor dejarse llevar a resignarse, en su día ya pusiste tu granito de arena. En su día, y de lo único que te ha servido es para darte cuenta de que el chip de tu DNI electrónico no funciona. Si lo hubiese encontrado a tiempo, en el sobre meto un cromo de Bob Esponja. Está cuadrado, tiene los ojos claros, es rubio y egocéntrico. ¿Alguien da más?

Nada mejor para atraer tu desconsuelo más todavía es el hedor a fracaso que acumulas en tu piel. Parece que nadie se acostumbra a eso. Conforme van pasando los años, aquel que desespera en este ámbito tiene miedo hasta a salir de casa por si se dan cuenta. Y ahí fuera para ti nada más que queda sostener en los labios una sonrisa, reírse de algo insignificante, acordarte de un chiste por la calle y que te vean feliz. Callar, callar, silencio y callar. Reunirte con gente que ni te va ni te viene, que apenas conoces, que no estrecháis lazos, ni recibís llamadas el día de después. Gente que no va a ser nunca el amor de tu vida. Bueno, eso ya da igual, porque miras dentro de ti y te sientes como una figurita de acción de gracias. Mucho chocolate por fuera pero nada de nada por dentro. Eres un huevo Kinder sin sorpresa. ¡Joder, qué triste! Y seguro que además el chocolate está caducado. Después de comerte a alguien le darán cagaleras. Mirándolo por el lado bueno, es una forma de ahorrar en laxantes.

Y de nuevo te preguntas. ¿Cuándo podrás pensar en Él? ¿Por qué coño siempre, desde hace seis años por lo menos, sueñas con una persona que no existe en tu vida y, sin embargo es tan típica, tan habitual?

Decido fumar antes de ir a la ducha, pero me puede la ansiedad, la cantidad de tareas diarias se me viene encima. Corro a la ducha y es tentador quedarse bajo el chorro caliente.

- “A ver si le da por inundarse y me ahogo” – piensas.

Ya ni en eso tienes suerte.

Cuando consigues salir de ahí finges estar alegre para nadie. Sueñas con un sueño y llegas al cuarto. Te pones crema frente al ordenador escuchando Malva de Manolo García y eliges lo primero que tu mano quiere coger del armario. Mientras esperas a que la pastosidad de tu loción sea absorbida por tu cuerpo escribes esto. Y confirmas que tu vida es más patética aún. Es hora de terminar de vestirse, salir a la calle y fingir que eres feliz. Al menos para creer que lo has sido durante los últimos veinte minutos.