15 diciembre 2017

Preludio: daños colaterales

Hace un rato me dejabas para ir a trabajar al sitio donde coincidimos dos veces por semana desde hace ya algo más de un año y algo. Pero ¡Joder! En la vida imaginé tener contigo este tipo de pretensiones... o quizá sí. El inconsciente es muy sabio, los tontos somos nosotros.

De repente un día, por el pego más gordo del mundo... (por el cual hubiera perdido 30.000 o 40.000 puntos de karma del bueno) empezamos a darnos cuenta que nuestra mente tiene el mismo grado de perversión y que, de alguna manera, estamos conectados.

Más bien es una conexión cárnica que espiritual, pero ¿Quién sabe? tampoco nos hemos puesto a hablar de muchas cosas. Es lo que tiene.

Estaba haciéndome una foto en bragas delante del espejo para romperte el aburrimiento de esta tarde tan opaca de viernes, cuando me he dado cuenta de algo: Que hace una semana ya que no echamos un pinchito y me pueden las ganas y el ansia viva ya... y que mira como tengo la vena esa que me baja por el costado... Acabo de descubrir que también viaja por mi pierna derecha... pero bueno, es lo que hay. Mis venas son como yo... que no pueden ocultar sus deseos por mucho que lo intenten... Mientras tanto, espero que tu capullo vuelva a la vida y me lo pueda follar... Aunque igual tu espalda sufre daños colaterales...

El tiempo es inversamente proporcional a las ganas que se me acumulan de hacerte alguna que otra mamada.

Y no sé, voy coleccionando "guarrerías" por segundos. Aunque no te lo creas, mi mente estaba dormida. Muy dormida. Vamos, que estaba roncando como si le fuera la vida en ello. Y no, no soñaba con estas cosas. Soñaba con pensar si alguna vez volvería a ser la misma.

Que no entiendo el por qué, pero es que, a veces, la carne es como la kriptonita. Y se supone que la opción más seductora es la prohibida. Que cuando consigues eso que deseas pierdes el interés. Pero esta vez es como un desconchón. Que cuanto más quitas, más grande se hace. Y yo no sé ya cuánto tengo de pared para seguir arañando, pero espero seguir teniendo espacio para concentrar mi labia en hechos reales.

Y nada, que me estoy llenando los bigotes de nata por mordisquear como una salvaje un trozo de roscón de reyes antes de que se pase el efecto de las pastillas de lactasa. Llevo todo el día en el intento espantar los pájaros negros. Los muy cabrones vuelven una y otra vez... ya se saben el camino. Pero ese no es tu tema. Ojalá esa cosa blanca y viscosa fuera tu semen. Después podríamos seguir follando otro rato...

Ahí lo dejo.