12 mayo 2017

El fútbol como religión.

No seré la única persona que esté escribiendo una opinión parecida al respecto. Tampoco será la primera vez que alguien compara este "deporte" como una manera de religión. El caso es que la gente sienta un fanatismo por algo...

Recientemente he leído la noticia de que el precio para ir a ver la final de la Champions se ha disparado. Pero la locura no es esta, la locura es que hay gente que, pese a que le cuesta vivir de manera decente, tienen la fé ciega de que el sueño de su vida es ver ese partido. Ese igual que otros muchos más.

Las entradas pueden llegar a costar 400€. ¡No digo ya en la reventa! Hasta ahí bien, si el partido no se celebrase fuera de españa. El lugar de la cita será Cardiff, la primera ciudad de menos de un millón de habitantes que acogerá a toda la gente que vaya a ver o celebrar un partido "importante".

Hay que tener en cuenta, no sólo el precio de la entrada, sino también el desplazamiento. Para empezar, Madrid no tiene conexión directa con Cardiff. Por lo que habrá que hacer trasbordos. Las compañías aprovechan la ocasión para inflar los precios a todo lo que pillan. (¿Cómo no?) Por lo que, si tiramos por lo bajo, un viaje de ida puede rondar en torno a los 200€ (Sólo ida, cualquier transporte, contemos gasolina, comida, etc) También nos queda la vuelta, el alojamiento y la estancia. (Más los suvenirs, los cubatas o cervezas.... el tabaco... los porros...)  Que no son poco. Total, que para ir a ver el partido de la final de la Champions, hace  falta, siquiera, 1.000€ por cabeza.

Dinero que puede ser, con suerte, un mes de sueldo.

Yo no digo que ver un partido de fútbol no pueda ser divertido. Las cosas, es mejor hacerlas con responsabilidad. Ponerte a celebrar la victoria de tu equipo o llorar la frustración de haber visto como perdía no da derecho a nadie para tirarle piedras y botellas a un niño que lleva la camiseta del otro equipo. Ni a un niño ni a nadie. Parece que perdemos la forma cívica. Es así como se pide respeto, a golpes.

Eso es otra cosa. En cuanto hay un evento futbolístico importante, la gente se manifiesta como auténticos fanáticos. Es una transformación absoluta. Todos son Hooligans, el humor depende de la victoria. Pero gane quien gane, siempre habrá alguien en contra. Eso es así. Nunca se puede estar conforme.

Ahora me pregunto. Si ha perdido tu equipo ¿Por qué te enfadas con el contrario? ¿A caso has jugado tú el partido? ¿Qué te dan de comer? En todo caso, te quitan. A veces, el partido oculta la verdadera victoria. Quizá la derrota no sea el número de goles. El salto de alegría no está delante de la pantalla, ni dentro de un campo. Y la "victoria" sabe mejor cuando se ha luchado por ella. Es quizá la que está en otras cosas, en otros detalles. En su mirada, su primer paso, su risa, sus manos... En el aprobado, en una buena conversación, un paseo, superar un reto...

Me sorprende como tantísima gente daría la vida por un gol, por un payaso que gana más que la mitad de los españoles juntos. Un deporte que no fomenta el deporte. Un "juego" que fomenta los peinaditos, la musiquita, los grititos, el odio y el postureo.

Del que surgen tantas palizas y destrozos.

Que el único valor que enseña es el del dinero.

Un "deporte" que, mientras sucede, tiene a media España bebiendo alcohol y comiendo patatas fritas en el sofá sin moverse. A no ser que haya un "huy" o un "goooool" y ya está.

Me da mucha lástima ver como la gente gasta lo poco que gana de esa manera. ¿Cuál es la parte complaciente? Quizá la aventura de ir hasta allí a ver cómo "gana" "tu equipo". Pero cada uno elige "lo que le merece la pena"