28 noviembre 2016

Lo bueno siempre se da en pequeñas dosis.

No te imaginas
cómo se me desboca el corazón
cada vez que tus dedos me (d)escriben.

Cuando me envías tu voz
en una nota de audio.

Me sangra el recuerdo y me divido
Entre lo que te odio, a veces
y lo multiplico
por todas las veces que te quiero.

A veces, vuelvo a verte.
Estás a mi izquierda, callado
clavandome tus malditos ojos azules
sosteniéndote en las patas traseras de la silla
apoyándote contra la estantería llena de polvo.

Y te ríes.
Como un niño pequeño.
mientras invades mi espacio vital
con las trizas de tu goma de borrar.

¡Mira que han pasado años!
Pero se me llena el mundo con tu nombre.
Como si el pasado se hiciera futuro.

Me llenas la cabeza de canciones
y el cuerpo de abrazos cuando tengo frío.

¡Hay que ver!
Que hasta el frío calienta...

Quizá nos vimos
en el momento menos oportuno.
Y ahora, nosotros,
los de entonces,
ya no somos los mismos.

Deberías dejarte ver más a menudo
El mundo necesita más gente como tú
porque eres increíble.
(como dice la canción de EMF)

Creo que nunca había guardado
algún recuerdo tanto tiempo.

Me sabe a poco todo lo que me das
pero me llena tanto...

Trato de comprender
de qué te escondes.

Aunque, a decir verdad,
creo que la paciencia
se te fue de las manos.

O será que lo bueno,
siempre se da en pequeñas dosis,