20 julio 2017

¿Hasta cuándo?

No hace falta tomar una foto para inmortalizar algo. Quizá, en un momento dado, abramos una carpeta y pensemos que todo nos da igual, nos alegremos porque ya no duele, o puede que duela más que nunca. Por ende, lo que es indeleble es lo que sentimos. Aunque ya no se sienta.

Sin embargo, estas alturas no puedo dar nada por sentado.

¿Sabes de esa jodida sensación cuando estás pensando qué demonios andará haciendo y enseguida recibir un mensaje suyo? Pero no un mensaje cualquiera. El mensaje. Cuando suelta alguna gilipollez porque quiere hablar contigo y no se le ocurre nada por lo que preguntar que parezca interesante. Esas ganas de ti, aunque estés cerca. De buscarte con el rabillo del ojo por la habitación de los espejos y mirarte, creyendo que no te das cuenta, pero sabiendo que tú también estás mirando. O hablar durante horas de cosas sin sentido, criticando el modelo de la nueva Yamaha o la BMW que se acaba de comprar.

Sin embargo tú, lo tienes todo pero no coges nada. Y poco a poco se va desmenuzando. Quizá ella necesite que la escuches, que le des un consejo, que le cuentes un chiste... y que no intervengan esos demonios que tantas veces ha tratado de espantarte. Pero es que eres tú el que los trae. Amigo, no es tu madre, es tu novia. Una mujer, un hombre... cualquier parte de una pareja, necesita eso. Necesita encontrar en la otra persona un lugar donde querer quedarse a vivir. Corran los tiempos y las tempestades que corran. Pero cuando uno tira demasiadas veces del otro, se acaba cansando.

No es tenerla por tener, sabes que está ahí pero ¿Hasta cuándo? Esa pregunta existe cada día. Hay que alimentar las cosas, si no acaban muriendo. Necesita que quieras saber de ella, que le preguntes cómo está antes de contarle cualquier mal rollo que se te ha venido a la cabeza. Que digas "tengo ganas de verte" o que te presentes por sorpresa en el trabajo para darle un beso. Que no antepongas cosas superfluas, que veas en ella algo más que una comodidad que está siempre ahí. Porque no lo estará. No lo estará si no la cuidas.

Y eso es una realidad. No tienes por qué culpar a nadie. Exceptuando un compromiso que demuestre lo contrario, tú puedes hacer lo que quieras y nadie tiene derecho a juzgarte, ni siquiera tu. Quizá las circunstancias no fueran las mejores.... es una mala excusa. Quizá ella no fuera tu chica ni tú el sitio donde quisiera quedarse a vivir, pero antes de demorar las cosas, antes de que sea tarde, haz algo. Quiérela por encima de todas las cosas. Permítele que se quede o deja que se marche...