De la salud mental

 Poco se habla de cuando la vida coge el freno de mano y te obliga a parar. 

Entonces, te dicen: "Si haces esto o lo otro... no estarás tan mal"

Pero ¿Quién es usted para determinar cómo me siento?
El pozo es oscuro, huele a cerrado, a humedad, ni siquiera sabes lo que estás pisando y la sensación en tu cuerpo es completamente indefinible. Nada agradable, por cierto. 

Cuesta, cuesta respirar a veces. 

La mayoría del tiempo, en realidad.

Hay un montón de cosas que son las que tu has vivido. 

Un montón de cosas de las que te hacen dudar...

Lees el correo, repasas los hechos. Es cierta tu verdad. 
Pero no lo será.
Entonces ocurre un silencio terrible, como cuando hay una fuerte colisión. Tu mundo se para y las tareas sencillas parecen casi inaccesibles. 
Te cuesta cruzar la calle. 
Te evitas la mirada en el espejo. 

Entrenar te salva del mundo. 

Usas maquillaje para ocultar tu verdadera identidad en ese momento... Para escapar del clásico: "Chica, pero anímate... si lo tienes todo". 

Limpias la encimera de la cocina en dos o tres fascículos porque no puedes con más. 

La comida se vuelve enemiga, de la báscula mejor ni hablar. 

Y mucho menos de la ropa que antes te gustaba y ahora te hace sentir como una mamarracha.

Una copita de vino, por favor. 
Que sean seis. 

Y va sumando un día y otro y el teléfono no suena nunca. 

Quizá, quien no pregunta cómo estás es por miedo a escuchar la verdad. 

Pasa un día, y otro día... 

Chica, no puedes seguir así - te repites. 
Trazas un plan. ¿De huída? 

Más bien contigo, de ti. 

Pones una hora en el despertador, preparas un skincare, la rutina del gimnasio, la bici o las zapatillas de correr. Haces la lista de la compra. Todo está carísimo, la verdad ¿Cómo narices se llega a fin de mes?

No importa. Sigues. 
Aunque falte el aire. Pero ya no te castigas, ahora eres tu propia cheerleader. 

Ahora le levantas el puño a la del reflejo en el escaparate. 

Ahora besas esas piernas que han corrido 12 km. Las que antes no podías parar de golpear, las que no te llevaban al otro lado de la calle. 
Ahora te sorprendes riendo, entrando a probarte un pantalón... 

Aunque muchas veces, también parece que vas avanzando y, sin embargo, andas hacia atrás. Como cuando en la bici parece que estás cuesta abajo y los que han dejado de pedalear son los que vienen de frente.
Bueno, seguro que arriba hay buenas vistas, a la vuelta será cuesta abajo. 

Hace sol. 

¡Que día más precioso!

Y un montón de días en los que no ocurre nada más. 

Puede que, en algún momento, alguien pretenda atribuirse tu esfuerzo: "Yo confiaba en ti" ¿Y dónde estabas entonces? 
O puede que haya quien ponga en duda lo que no se ve. Hay otras cosas que no se ven y a las cuales se les tiene una fe absoluta. ¿Por qué nos da tanto miedo hablar de salud mental? ¿Por qué somos incapaces de enfrentarnos a las cosas importantes en vez de fingir que no están?

Cucu.... ¡AAAAAHHHHHH!

No están.... 

Esas cosas ya no están... 

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